Aunque fuese lógico pensar que se dirigía hacia la recova* de la ciudad, no fue así, caminando cuesta abajo por el entrelazado de callejuelas que conformaban el casco viejo de la ciudad, por las cuales transitaban personajes peculiares, prostitutas y mendigos. Continuó por la calle central hasta desviarse hacia la derecha en una esquina más oscura aún si cabe de lo que ya era aquella lúgrube zona.
Se paró frente a una casa algo desaliñada y afectada por el paso del tiempo. En sus días de gloria debió pertenecer a una familia adinerada por su extravagante arquitectura exterior, sin embargo, hoy parecía un edificio abandonado. Tocó tres veces en aquellas puertas robustas, hechas por una exquisita madera de roble -puede que lo único que cuidasen tan bien-. Abrieron.
- ¿Se encuentra la señora?-dijo.
Lo hicieron esperar unos segundos hasta que finalmente entró.
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* mercado